Los horrores de la democracia


Arturo González | 03 abr 2014

Arturo González
Arturo González

Como soy de los que creen, perdón, que vivimos en una imperfecta pero democracia, no vaya a entenderse que comparo los horrores de nuestra democracia con los de tantos países en que son sustancialmente mucho más abominables y además son norma. Los nuestros son horrores más domésticos, más posibles de combatir, menos brutales si se quiere, pero que igualmente degradan nuestra estructura social y nuestra capacidad de eludir el rencor y el desacuerdo.

Ésta es la definición del horror que hace el lector y comentarista Libre y objetivo, y que yo estimo podría interesarles conocer:
“¿Qué es el horror? No lo sé definir con palabras, no soy escritor ni periodista ni poeta. Como cualquier persona con un nivel cultural limitado he de recurrir a ejemplos.
*** Horror es pensar que no encontrarás trabajo hasta dentro de 10 años, y si tienes cierta edad nunca.
*** Horror es pensar que si encuentras un trabajo es de tan baja calidad que solo serás algo menos pobre que si no lo encuentras.
*** Horror es pensar que si tienes un trabajo y abusan de ti, o te resignas o si protestas ya sabes, a la calle.
*** Horror es no poder dar una oportunidad a los que vienen detrás viendo la destrucción sistemática de la enseñanza pública.
*** Horror es pensar que ante una enfermedad te mueres de la misma o de hambre, como le pasa a los autónomos, por cierto los que se creían los niños bonitos de la derecha y mira por dónde.
*** Horror es pensar que nunca podrás pagar un dentista.
*** Horror es pensar que no te podrás jubilar.
*** Horror es pensar o saber que si te coges una baja por romperte un brazo en un accidente de trabajo te despiden, eso por cierto lo he visto yo varias veces en mi empresa, una EECC de Movistar.
*** Horror es pensar que si un camión te lleva tu coche de empresa por delante y te coges la baja por causa de dicho accidente te despiden, por cierto, lo he visto también en la misma empresa.
** Horror es saber que tus mayores perderán nivel de vida año por año.
*** Horror es pensar que si necesitas ayuda por ser dependiente morirás como un perro, abandonado.
*** Horror es que te obliguen a parir.
*** Horror es que te obliguen a rezar.
*** Horror es que te estafe un banco con absoluta impunidad.
*** Horror es que te obliguen a preferir la muerte rápida a la muerte por inanición.
*** Horror es el hambre y la necesidad.
*** Horror es la exclusión.
*** Horror es vivir con miedo a todo lo anterior.
No sé si esos ejemplos dejan claro lo que es el horror, desde mi humilde entender sí.
Las actuales políticas son un ejemplo de manual del horror.
Y con un solo ejemplo podemos definir la majadería: esconder el horror detrás de la estadística, o sea la mentira de los números.
Éste es un gobierno cruel y majadero (por ser suave) que patrocina el horror.
Saludos”

Si lo desean, pueden ustedes añadir lo que consideren horror. Yo por mi parte añado:

Horror es saber que mañana te van a desahuciar a ti y a tu familia y no tener a dónde ir. Horror es que nosotros lo permitamos.
Horror es ser corrupto y justificarlo ante tus hijos.
Horror es que todas las instituciones estén anquilosadas, con la Constitución a la cabeza.
Horror es vernos abocados a renegar -¿con justicia?- de nuestros políticos.
Horror es creer en religiones que se basen en el miedo.
Horror es no cumplir lo prometido y no dimitir.
Horror es la intransigencia absoluta.
Querer más a un perro que a un ser humano.
Viajar en una patera.
Saltar la valla de Melilla.
Tener que vender discos en el top-manta y que lleguen guardias de paisano y te los requisen. ¿Es esto legal?
Horror es que no te quiera nadie. Horror es no querer a nadie.
Horror es ser policía antidisturbios.
Horror es que el Director General de la Policía diga que para evitar agresiones es recomendable que los periodistas lleven un chaleco blanco. De modo que si no llevas chaleco, te aporrean impunemente. Todos los españoles deberíamos llevar chalecos blancos en todo momento y circunstancia, como nuestro uniforme de vida.

Se puede decir que no hay nada que no sea un horror, y ésa es una de las causas de que nuestra democracia sea imperfecta. No podemos hacer de la democracia un inventario de horrores en el que pese mucho más el debe que el haber. Porque todos nuestros horrores son innecesarios y evitables, pero no lo conseguimos y la mayoría de las veces ni siquiera lo intentamos. Ése es el gran horror.

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