LOS COLOSOS DE MEMNON


LOS COLOSOS DE MEMNON
LOS COLOSOS DE MEMNON

El término coloso se puede emplear en cualquier construcción egipcia sin problema a equivocarse.  Hoy hablaremos de las estatuas de Tebas Oeste, monumentos que llevan dicho término en su nombre, en concreto, nos referiremos principalmente a los colosos de Memnón.

Época: hacia 1360 y 1260 a. C.N
Lugar: Luxor, Egipto
Estado: al 50% de conservación

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Canallas que persiguen a canallas


Reunión de escritores soviéticos en Dubulti (Letonia), en agosto de 1965. Yampolski está en la fila central (cuarto por la izquierda). El primero por la derecha en esa misma fila es Konstantínovski, con gorra blanca. / ARCHIVO PERSONAL DE YURI FIDLER
Reunión de escritores soviéticos en Dubulti (Letonia), en agosto de 1965. Yampolski está en la fila central (cuarto por la izquierda). El primero por la derecha en esa misma fila es Konstantínovski, con gorra blanca. / ARCHIVO PERSONAL DE YURI FIDLER

“Me siento como en un réquiem encargado para mí mismo”. Quien escribió con semejante amargura fue el autor ruso de origen judío Borís Yampolski (1912-1972), que contó lo que contemplaba en las reuniones que la Unión de Escritores de la URSS celebró a finales de los años cuarenta y a las que él, como otros muchos, acudía invitado. Eran unas citas en las que, como en un proceso kafkiano, los jerarcas de las letras podían ensalzar a un novelista, con los consiguientes beneficios materiales, como un piso, o señalar a un poeta para convertirlo en un olvidado y que sus obras no se difundieran.

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Sangre, trinchera y picaresca


Ve la luz la versión en español de ‘Nos vemos allá arriba’, el fenómeno literario del año en Francia

Pierre Lemaitre retrata la brutalidad de la Guerra del 14

Soldados franceses recogen cadáveres en las trincheras durante la Gran Guerra. / getty images
Soldados franceses recogen cadáveres en las trincheras durante la Gran Guerra. / getty images

Como puñal entrando en mantequilla blanda, la primera frase dice así: “Todos los que pensaban que aquella guerra acabaría pronto habían muerto hacía mucho tiempo. Precisamente a causa de la guerra”.

Detrás siguen 564 páginas (443 en la versión española) que no son sino la justificación de esa frase terrible, el resumen urgente de una barbarie. Justificación vertiginosa, brillante y literariamente multiforme, incrustada en el cruce de caminos de la tragedia, el esperpento, la picaresca, el romanticismo, el chispazo sicologista, el humor negro, el sálvese quien pueda, la confesión íntima y el novelón clásico del XIX. Hay algo difícilmente perceptible a primera vista en la escritura de Pierre Lemaitre (París, 1951), algo que luego parecerá evidente pero que el lector atrapa solo cuando ya lleva bien avanzado el relato de Nos vemos allá arriba: sí, es posible obrar el milagro, es posible que una novela descomunal en muchos sentidos reúna en sus líneas una ilimitada ambición literaria y una irrenunciable vocación de hacerla comprensible.

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