Los curanderos pierden clientes


Por: Marta Rodríguez | 26 de mayo de 2014

Johannesburgo no es destino turístico y la gran mayoría de sus visitantes ven en esta capital una parada inevitable para las escalas de los vuelos. Pero merece la pena una incursión en sus calles del centro. Este, que una vez quiso asemejarse a la majestuosidad de Nueva York, está ahora en fase de reinvención.

Precisamente al lado de los barrios en reconstrucción se asienta el mercado Kwa Mai Mai, uno de los más antiguos de esta ciudad, que se fundó al amparo de su propia fiebre del oro y que no tiene intención alguna de modernizarse. Dicen que el nombre de Mai Mai es una abreviatura a la fonética de “minero” en inglés. Las minas que rodean a Johannesburgo y han agujereado su subsuelo dieron lugar a esta enorme capital llena de vida que no puede alejarse de ese pasado.

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Una ‘sangoma’ en la tienda que regenta junto a su hija, en Mai Mai. Foto: Marta Rodríguez

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Los dioses de Mesopotamia


Los poderosos amos de los hombres

El dios Shamash  Shamash, el dios del sol, era también el dios de la justicia, por lo que era adorado por los reyes. Estatua de terracota. 1900 a.C.
El dios Shamash
Shamash, el dios del sol, era también el dios de la justicia, por lo que era adorado por los reyes. Estatua de terracota. 1900 a.C.

Cientos de dioses reinaban sobre las ciudades de la antigua Mesopotamia, cada uno de los cuales era servido y adorado por los sacerdotes que les llevaban comida, los vestían o los sacaban en procesión

Por Juan Luis Montero Fenollós. Profesor de Historia Antigua. Universidad de La Coruña, Historia NG nº 124

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Rafael


La Fornarina de Rafael, 1518-1519
La Fornarina de Rafael, 1518-1519 (La Fornarina o Margherita Luti, amante de Rafael)

(Raffaello Santi o Sanzio; Urbino, actual Italia, 1483 – Roma, 1520) Pintor y arquitecto italiano. Sus obras representan el paradigma del Renacimiento por su clasicismo equilibrado y sereno basado en la perfección de la luz, la composición y la perspectiva.

Su padre, que fue el pintor y humanista Giovanni Santi, lo introdujo pronto en las ideas filosóficas de la época y en el arte de la pintura, pero falleció cuando Rafael contaba once años; para ganarse la vida, a los diecisiete años trabajaba ya como artista independiente.

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