Escritoras africanas al sol


Por: Ángeles Jurado

Afribuku acaba de publicar un artículo en el que sugiere diez lecturas africanas para el verano casi a la par que Wiriko, que se ha hecho eco de las novedades editoriales africanas en lo que va de año además de aventurar una tentativa de previsión de las que nos llegarán en otoño. En ambos listados y como no podía ser de otra forma, reina la nigeriana Chimamanda Adichie con su última obra, Americanah, un tratado de sociología en forma de novela de 600 páginas donde filosofa sobre conceptos como la raza, la identidad, los prejuicios y, last but not least, el pelo afro.

Hay otras listas de publicaciones especializadas que recomiendan lecturas africanas para todas las estaciones y en las que destacan otros nombres de mujer. Qué leer, por ejemplo, se decide por una firma clásica: Nadine Gordimer, Nobel sudafricana fallecida este año y nombre clave de la literatura universal. Rebuscando entre los artículos archivados en  materia literaria en internet, encontramos las recomendaciones de Guinguinbali por boca de Sonia Fernández Quincoces o dos estupendas entradas consagradas a las letras femeninas del continente en el blog Por fin en África: aquí y aquí.

Sin embargo, no es un mal momento para recordar que pese al trabajo de librerías como La Oriental y de editoriales e instituciones como Baile del Sol o Casa África, la riqueza literaria del continente vecino no está muy presente en nuestras vidas. Y menos, la que viene firmada por mujeres.

Chimamanda Adichie parece la brecha que comienza a romper el muro invisibilizador de las escritoras africanas. Es inevitable y prolífica y parece incapaz de abandonar los titulares: tras recibir el premio de la crítica literaria neoyorquina con Americanah (carne de película anunciada entre las manos de la ubicua Lupita Nyong’o), triunfa de nuevo, en el contexto anglófono, con la edición de su conferencia TEDex titulada We should all be feminists. La escritora africana “de moda” ofrece opciones apetecibles en tiempo de verano para quienes no controlen el inglés y quieran acercarse a su escritura. A pesar de que la mayor parte de su obra esté descatalogada y se pueda localizar sólo en bibliotecas o en librerías de segunda mano, merece y mucho la pena una inmersión entre los cuentos poéticos incluidos en Algo alrededor de tu cuello y también puede resultar interesante la lectura de sus primeras novelas, La flor púrpura y Medio sol amarillo. Ésta última ya es película y le acerca a la Nigeria actual a través de una historia de amor enmarcada en el conflicto de Biafra, fundamental para comprender el devenir más reciente del país.

Es cierto que la barrera idiomática no ayuda a erradicar el desconocimiento que sufrimos en materia de escritura africana en general y más específicamente, de la escritura africana femenina. Dejando a un lado el caso de Nadine Gordimer, el acceso a clásicos es limitado: Mariama Bâ o Bessie Head, por ejemplo, no tienen el reconocimiento que merecen a nivel universal y menos entre los lectores españoles. Por no hablar de Yvonne VeraGrace Ogot, Fatou Keita, Buchi Emecheta o María Nsué, la ecuatoguineana que firmó Ekomo, primera novela escrita por una mujer en su país.

Hay pocas autoras de la francofonía africana traducidas al español y su edición es fragmentaria y carece de sistema, como sucede con las marfileñas Véronique Tadjo y Tanella Boni, las senegalesas Ken Bugul y Fatou Diome, la beninesa Agnès Agboton, las camerunesas Léonora Miano y Calixthe Beyala o Ananda Devi, de Mauricio. El panorama literario femenino del África anglófona no goza de una situación mejor en nuestras bibliotecas y librerías: apenas conocemos a las ghanesas Amma Darko y Ama Ata Aidoo, mientras que nos perdemos la traducción de las delicias de la zimbabuense NoViolet Bulawayo, la sudafricana Jassy Mackenzie, la botsuana Unity Dow, la nigeriana Nnedi Okorafor o la ugandesa Jennifer Nansubuga. Por citar sólo unos pocos nombres que han recibido atención mediática últimamente. Entre las autoras lusófonas, casi nada, a excepción de alguna referencia de Cabo Verde o Angola y la mozambiqueña Paulina Chiziane. Hispanohablantes: apenas un rastro de Remei Sipi. Completa el retrato la diáspora: la popular Aminatta Forna o la afropolita y sofisticada Taiye Selasi, con su Lejos de Ghana. Y, por supuesto, la escritoras del Magreb, que nos son más familiares.

Hay autoras que son imprescindibles independientemente del hecho de que sean mujeres y/o africanas. El presidente de la Asociación de Escritores de Costa de Marfil, Josué Guébo (Abiyán, 1972), precisa que el fenómeno de las escritoras en África es relativamente reciente, algo que puede explicar lo poco que se conocen tanto en África como en otros continentes. Y remarca que es fundamental leer a Chimamanda Adichie, pero también a Mariama Bâ, la ruandesa Scholastique Mukasonga y las ya anteriormente mencionadas Ken Bugul, Ananda Devi, Leonora Miano y Véronique Tadjo. Con él coincide el escritor y periodista Oumar Ndao (Dakar, 1966) en dos nombres: Ken Bugul y Mariama Bâ. Los premios Caine e iniciativas culturales como Kwani? sirven para hacerse una idea, fundamentalmente, de la literatura africana anglófona y descubrir otras opciones: Henrietta Rose-Innes, Monica Arac de Nyeko y Okwiri Oduor, por ejemplo.

“De la actualidad, quizá habría que mencionar el caso sudafricano, no sólo por autoras de esa nacionalidad, sino porque sirve de polo de atracción para autoras de toda la zona -explica el responsable de la colección africana de Baile del Sol, Jorge Portland (Madrid, 1974)- Por ejemplo, está Lauren Beukes, que ha sido un auténtico fenómeno mundial, aunque su libro en España ha pasado sin pena ni gloria. Quizá no sea un libro ‘literario’, pero es bastante bueno.El caso es que ahora sí es cierto que al menos en el campo anglofono hay una cierta proliferación de autoras. Quizá en otras lenguas sea más escaso. Por ejemplo, en francés me da la sensación de que no está habiendo un relevo generacional de las grandes autoras de finales del siglo XX”. Y menciona como nombres a seguir y conocer los de la etíope Maaza Mengiste, la nigeriana Adaobi Tricia Nwaubani y la superestrella zimbabuense NoViolet Bulawayo, las tres todavía sin traducir al español.
En cualquier caso y mientras las traducciones y publicaciones en español llegan y Chimamanda Adichie prosigue su labor de ariete de la literatura africana en nuestro país, nuestra recomendación para este verano podría ser que se procurase una copia de Americanah. Después, una vez esté al corriente de lo que se “lleva” en literatura africana contemporánea gracias a ella, si le interesa, escarbe en bibliotecas y en internet para conseguir un ejemplar de Mi carta más larga o El baobab que enloqueció. Continúe con la poética La canción de la vida. Y, si le apetece, sume y siga.

Más información:

Blog Literafrica