Biografías de Conde de Chesterfield


Philip Dormer Stanhope
Philip Dormer Stanhope
La gente, en general, soporta mucho mejor que se hable de sus vicios y crímenes, que de sus fracasos y debilidades_
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Philip Stanhope, cuarto conde de Chesterfield; Londres, 1694- id., 1773

Político, diplomático y escritor británico. En 1715 ingresó en el Parlamento. En 1728 Walpole lo nombró embajador en las Provincias Unidas. En Irlanda logró alcanzar un acuerdo entre orangistas y católicos. Es autor de unas memorias y un libro epistolar

(Gilbert Keith Chesterton; Campden Hill, 1874 – Londres, 1936) Crítico, novelista y poeta inglés, cuya obra de ficción lo califica entre los narradores más brillantes e ingeniosos de la literatura de su lengua. El padre de Chesterton era un agente inmobiliario que envió a su hijo a la prestigiosa St. Paul School y luego a la Slade School of Art; poco después de graduarse se dedicó por completo al periodismo y llegó incluso a editar su propio semanario, G.Ks Weekly.

Desde joven se sintió atraído por el catolicismo, como su amigo el poeta Hilaire Belloc, y en 1922 abandonó el protestantismo en una ceremonia oficiada por su amigo el padre O´Connor, modelo de su detective Brown, un cura católico inventado años antes.

Además de poesía (El caballero salvaje, 1900) y excelentes y agudos estudios literarios ( Robert Browning, Dickens o Bernard Shaw, entre 1903 y 1909) este conservador estetizante, similar al mismo Belloc o al gran novelista F. M. Ford, se dedicó a la narrativa detectivesca, con El hombre que fue Jueves, una de sus obras maestras, aparecida en 1908.

A partir de 1911 empezaron las series del padre Brown, inauguradas por El candor del padre Brown, novelas protagonizadas por ese brillante sacerdote-detective que, muy tempranamente traducidas al castellano por A. Reyes, consolidaron su fama. De hecho, Chesterton inventó, como lo haría un poco más tarde T. S. Eliot o E. Waugh, una suerte de nostalgia católica anglosajona que celebraba la jocundia medieval y la vida feudal, por ejemplo, en Chaucer (a quien dedicó un ensayo) mientras que abominaba de la Reforma protestante y, sobre todo, del puritanismo

Maestro de la ironía y del juego de la paradoja lógica como motor de la narración, polígrafo, excéntrico, orfebre de sentencias de deslumbrante precisión, en su abundantísima obra (más de cien volúmenes) aparecen todos los géneros de la prosa, incluido el tratado de teología divulgativo y de gran poder de persuasión.

Los ya citados relatos del padre Brown siguen la línea de A. C. Doyle, mientras que los dedicados a un investigador sedente, el gordo y plácido Mr. Pond (literalmente «estanque»), inauguraron la tradición de detectives que especulan sobre la conducta humana a través de fuentes indirectas, desde Nero Wolf hasta Bustos Domecq, el policía encarcelado que forjaron A. Bioy Casares y J.L. Borges, dos de los lectores más devotos que Chesterton ha tenido en el siglo XX

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