Compromiso y música (90): Voces del norte


Por: Chema Caballero

Estos días paseaba por Tánger con unos amigos y mientras tomábamos una cerveza en un bar escuchábamos música marroquí actual, la cual qnos dejó bastante impresionados. Entonces me di cuenta de que muy pocas veces nos fijamos en la música del norte del continente en esta sección. Puestos a solucionar la carencia, hemos elegido algunos artistas bien conocidos y con raíces en la tradición que utilizan la música para reivindicar causas. Sin embargo, los dos últimos hacen música más para las masas, sobre todo adolescentes, pero es petición  de Bouzid, nuestro anfitrión, y no hemos podido negarnos a ella.

Ya que estamos en Marruecos comenzamos con Oum, que es el nombre artístico de Oum El Ghaït que significa “madre de la ayuda” y que según ella misma cuenta solía darse a las niñas nacidas en el desierto en un día de lluvia. Ella consigue mezclar los elementos de la música tradicional de su país con aspectos de ritmos más modernos. De hecho, comenzó cantando soul eléctrico y ahora no tiene problema de recurrir al pop, al hip-hop, al blues o el jazz, con el que parece encontrarse muy a gusto. Utiliza el dirija y el inglés para sus letras, una muestra más de su diversidad y de su afán de no dejarse encasillar. Hemos elegido el tema Taragalte de su último álbum, Soul of Marocco. La canción es un homenaje a la aldea de M’hamid El Ghizlane y su festival Taragalte de músicas del desierto y del mundo.

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¿Nos enrollamos?


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Se acabaron las tácticas de disimulo; hoy se nos gobierna en términos de franco chantaje.

c0e3ef064eee44eb898c1a700564ca5d_SCada día las películas que nos cuentan son para gente menos exigente. No andarnos con exigencias es como el buen gusto, excusas que nos damos siempre por llevar tan mala vida. Con los libros, para algunos canallas que nos defendemos contra todas las experiencias penosas o buenas y no generalizamos demasiado deprisa, el peor elogio que puede recibir un libro es que es fácil de leer. Es algo así como que no pondrá a prueba ni nuestro buen gusto ni nuestra inteligencia.

La gente de éxito, apesta tanto como la envidia que pudiéramos tenerles. Nos dan ganas de cortar cabezas. Robespierre fue el primer dirigente popular en la Europa contemporánea en advertir claramente de los peligros de una especie de filosofía que, convirtiendo el egoísmo en sistema, contempla la sociedad humana como una guerra abellacada. Y considera el éxito como criterio de la justicia, la probidad como un asunto de gusto o decoro, y el mundo como patrimonio de arteros bribones.

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