Envejecer sin organización


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 ¿Para que sirven los viejos?

Envejecer sin organización

A los pobres y desempleados se les ayuda pero a los viejos y a los niños se les cuida. Medicaid y Medicare. Sólo deberíamos intentar curar a los enfermos. Al sustituir la salvación por la salud las metáforas médicas empiezan a invadirlo todo. Todo se ofrece como terapia, como cura. Los enfermos imaginarios y las enfermedades inexistentes abundan para mejor negocio de traficantes de drogas y demás medicamentos. Para mayor gloria de la médico, clepto y farmacracia realmente existentes.

Los científicos que persiguen extender los límites de la vida humana se preguntan: ¿a cuál de las dos estrategias debemos destinar los recursos científicos y económicos en investigación, a frenar el envejecimiento o a luchar contra las enfermedades? En otras palabras, ¿fallecemos la mayoría de nosotros porque envejecemos o porque enfermamos? La convención que designa las causas médicas de la muerte es que la causa es aquello sobre lo cual podemos influir si nos fijamos como objetivo luchar contra la enfermedad o la muerte. La CIE (Clasificación Internacional de las Enfermedades) decidió suprimir la vejez de la lista de causas de defunción en 1948.¿Leer para no morir todavía? ¿Para qué sirven los libros? Preguntan Penélope y Sherezade mientras intentan aplazar astutamente el momento de su muerte: para ganar tiempo. Gorka pregunta a su hija de tres años: “¿Para qué sirven los niños?” Blanca responde: “Para cuidarlos”. Es decir, los niños nos enseñan. ¿Qué? A volvernos cuidadosos. Los viejos no. ¿Para que sirven los viejos? Para ayudar a los pobres, para cuidarse a sí mismos. La mejor manera de hacerlo: dejar sus privilegios para otros. La clase media ¿un lujo que el capitalismo ya no puede permitirse? No, es la vejez lo que el capitalismo acabará por no poder permitirse. Los viejos pobres son un mal negocio.“Ya me siento envejecer/ entre estas gentes tan lejanas/ que apenas tienen ayer”. Envejeciendo aprendemos a convertir nuestros terrores en sarcasmos. Cuando bajamos los ríos a piragua nos enteramos que no eran toboganes sino escaleras. A veces hay que remar y otras defenderse de la corriente. No sólo nuestras vidas son los ríos que van a dar al mar que es el morir, la vida misma es ondulante. A veces un año o dos duran como una década, otras en el curso de una década no envejeces siquiera un año o dos. Cuando uno envejece, hay que saber quedarse en un peldaño determinado. Aunque envejecer sea retirarse gradualmente de la apariencia, atenerse a lo esencial, porque de eso no envejecemos nunca, la misma frescura y la viveza de los recuerdos más lejanos es una señal de que hay algo en nosotros que no envejece.Europa, Occidente entero envejecen. No es sólo que haya cada vez más viejos, es que la misma idea de civilización europea u occidental se está haciendo vieja. Ojalá al hacerlo sepa atenderse a lo esencial, salir del medio del camino, ayudar a los pobres, cuidarse de ella misma, dejar sus privilegios a los jóvenes. Un servido a medida que realmente ha ido envejeciendo, ha visto que algo fascinante empieza a suceder. Sucede que se empieza a recordar muy vívidamente las primeras cosas de la vida, pero con facilidad se olvidan cosas que sucedieron ayer, porque de algún modo ya no son importantes.

La primera palabra del primer capítulo del primer libro propiamente europeo, que define la Europa: la cólera, la cólera del aqueménida Aquiles. La indignación esa indignación de los demonios de Dostoievski que no dudan en proclamarla ante Dios mismo, aunque estuvieran equivocados, la cólera de Camus que le impide aceptar el mal, resignarse ante la injusticia, al que el sufrimiento de los niños había hecho perder la fe, y que dijo que en estas condiciones aunque existiera la vida inmortal la rechazaría.

Cuando uno empieza a hacer fantasía al escribir más vale dejarlo. La fantasía es autista, en el mejor de los casos es órgano para otros mundos, y por eso incapaz para producir obligación alguna. No recuerda qué ayudó a dejar atrás, ni ofrece indicación alguna de cómo convocarlo de nuevo ante ella. Por eso el movimiento en sentido contrario sólo puede ser involuntario, ni siquiera dominado por el impulso. La fantasía es, simple y decepcionantemente, envejecer sin organización. Como Europa, como ciertos viejos.