Nosotros queremos ser los poetas de nuestra vida


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¡Te reservaban para un gran lunes!
Nosotros queremos ser los poetas de nuestra vidaLa curiosidad, la necesidad de saber, de ser sorprendido, maravillado, es clave para disfrutar de la vida. Dice Voltaire que il n’est de vrais plaisirs qu’avec des vrais besoins. Sin una verdadera necesidad de entender o recordar no hay posibilidad de disfrutar haciéndolo, no hay posibilidad de hacerlo bien. Por mucho que te rodees de cosas bellas e interesantes todas esas cosas no van a ser en el fondo más que lo que son las hetairas para un anciano. Un cuento de eunucos afanándose con hermafroditas.

  Trabajo excesivo, curiosidad y compasión; nuestros vicios modernos. Una película, una novela tendría que suscitar al comienzo curiosidad y al final satisfacción. Eso no quiere decir que deba tener un final feliz. Entre una vida felizmente vivida y una vida feliz hay una diferencia. Para percibirla hay que entendérselas con uno mismo. El que vive, escribe sobre «sí» es aquel a quien la distinción entre «yo» y «sí mismo» le da algo que pensar. Tiene que estar en juego la curiosidad, el pensamiento exuberante, el enamoramiento de sí y la enemistad consigo: Nosotros queremos ser los poetas de nuestra vida.

Decir algo en nombre propio es muy curioso; ya que no es en absoluto en el momento en que uno se toma por un yo, una persona o un sujeto, cuando habla en su nombre. Al contrario, un individuo adquiere su verdadero nombre como consecuencia del más severo ejercicio de despersonalización, cuando se abre a las intensidades que le atraviesan de parte a parte, a las intensidades que le recorren. Alcanzar a escuchar a esos que desde dentro murmuran: “Él es consciente de la vida”. La verdad es que si no se tomase uno un interés tan completamente exagerado por sí mismo, la vida sería tan poco interesante que nadie aguantaría en ella. Omnis stultitia laborat fastidio sui, toda tontería padece del fastidio de si. Uno se acerca a los hombres o se aleja de ellos, según tema más al aburrimiento o al fastidio. A uno mismo también.

Sin embargo no son pocos los pensadores que han considerado la curiosidad como un vicio, es algo así como aquello de Schopenhauer, “si tuviéramos que ser pensadores, ¿para qué se nos han dado ojos y oídos?”.  Piensan en la curiosidad como en una forma degradada y perversa del amor al saber. Con la curiosidad, los sentidos usurpan las prerrogativas del pensamiento: son los ojos del cuerpo, no los metafóricos de la mente los que observan, hurgan y valoran todos los fenómenos, sin que importe que sean superficiales o profundos, físicos o espirituales. La hipertrofia de las experiencias sensibles implica que la ascética teoría se transforma en el «ansia de saber, de presenciar» del  voyeur. Hay cosas son bellas de ver; pero ¿serlas? ¿Es acaso el mundo un caleidoscopio?

Cuando ya no tenemos necesidad de conocer quién nos está arruinando, qué se puede hacer, cómo y con quien hay que relacionarse para mejorar, nos pasa como al Bello Marcelo, que no podía trabajar tranquilamente con las guapas actrices cuando era joven porque tenía que disimular lo mucho que las deseaba y que de viejo tampoco, porque tenía que disimular que ya no las deseaba en absoluto. De joven las noticias te fastidian, de viejo te aburren. Acabas declarándote socialista libertario, para poder ir de socialista con los liberales y de libertario con los marxistas.

Le jubilan a uno las noticias que no puede acabar de digerir, que ha dejado de sentir necesidad de entender. “Interminable y sombría tarde de domingo que demora años enteros de vida; una tarde que se compone de años. Alternativamente desesperado por las calles y tranquilo en el canapé. Algunas veces estupefacción ante las nubes que pasan casi incesantemente, sin color, sin sentido. ¡Te reservaban para un gran lunes! Bien hablado, pero el domingo no acaba nunca”. “Cuando uno no puede ayudar, debe callar… no soy una luz… soy un callejón sin salida”. Decía Kafka en el escrito en el que pedía que quemasen sus “garabatos”. Desaparecida tu última necesidad desaparece tu último deseo, entonces procuras desaparecer, pero como un Dios resucitado, la burocracia impenetrable, caprichosa, omnipresente e invisible me ve, y “no me deja ni me mata,/ ni me libra ni me suelta,/ni me olvida;/ mas de tal guisa me trata,/que la muerte anda revuelta/con mi vida”. ¡No ya la maldición de la soledad sino la soledad violada, esa era su obsesión!

Fuente: http://www.kaosenlared.net/component/k2/98164-nosotros-queremos-ser-los-poetas-de-nuestra-vida