Guerra en Westfalia, 1621-1626, parte 1ª


Escrito por Sir Weymar Horren   

La intervención española en Bohemia y el Palatinado durante los compases iniciales de la Guerra de los 30 Años es bastante conocida. Los refuerzos enviados por Felipe III al emperador Fernando II resultaron decisivos en la batalla de la Montaña Blanca.

A las puertas de Praga, al tiempo que Ambrosio Spinola ocupó gran parte de los estados patrimoniales del elector palatino Federico V.

La participación hispánica en la lucha entre el bando protestante y los católicos en la región de Westfalia (principalmente en el electorado de Colonia y los obispados de Münster y Paderborn) es, sin embargo, mucho menos famosa.

El ejército de Halberstadt

Cuando el ambicioso elector Federico V del Palatinado, frustrado rey de Bohemia, huyó de sus tierras germanas tras la pérdida de su ejército a las puertas de Praga y la disolución de la Liga Protestante, fue a buscar refugio la ciudad holandesa de La Haya, donde siguió moviendo los hilos para mantener viva su causa. En 1621, a instancias del rey de Dinamarca, se celebró en Segenberg una dieta de los miembros del círculo imperial de la Baja Sajonia. Merced de la belleza de su joven esposa Isabel Estuardo, hija del rey de Inglaterra, Federico consiguió que un hermano segundón del duque de Braunschweig-Lüneburg, Christian el Joven (más tarde llamado Cristian el Loco), obispo calvinista de Halberstadt desde 1616, tomase partido a su favor y reclutase un ejército formado por 10.000 mercenarios daneses y sajones (de Hamburgo, Bremen y Lübeck, principalmente).

ImagenChristian el Joven, retratado en 1620 por el pintor holandés Anthonie van Ravesteyn. Viste una armadura negra de coracero, o “caballo coraza”. Christian, formado militarmente el el ejército holandés, era un amante de la caballería pesada, que reclutó en grandes cantidades merced de la abundancia de caballos de la Baja Sajonia.

Christian de Braunschweig actuaba movido por el espíritu caballeresco medieval, pero era, al mismo tiempo, un fanático calvinista y un comandante brutal. En su transito hacia el Palatinado, sus mercenarios saquearon numerosas aldeas. Para poner freno a sus fechorías, su propio hermano y el arzobispo luterano de Magdeburgo levantaron varias banderas y fueron a su encuentro. Tras perder en la lucha un regimiento y 6 banderas, Braunschweig se refugió en el landgraviato de Hesse-Darmstadt, saqueando sin oposición por estar el landgrave Ludwig con sus tropas en Waldeck, a cuyo conde, Wolrad IV, acusaba de rebelde. Tras apoderarse fácilmente de Waldeck y tomar juramento de lealtad a la nobleza local en Korbach, el ladgrave escribió a Braunschwig pidiéndole que abandonase sus estados. Christian el Loco respondió con dureza:

“Pues estays resuelto de impedirme el passo, os protesto de todos los daños que recibieren mis tropas, y tomarè tal vengança, que tendreis que llorar vos, y vuestros hijos. A lo que me amenaçays con los españoles, entended que he subido a caballo para encontrarlos, y espero en Dios que me darà fuerças para poner en libertad Alemania.”

La proclama de Braunschweig pusó en pie de guerra a los estados católicos de noroeste de Alemania. El barón de Anholt, Johann Jakob von Bronckhorst-Batenburg, comandante general de las tropas de Colonia y 2º al mando del conde de Tilly en la Liga Católica, recibió comisión para unirse con sus hombres a las tropas de Hesse-Darmstadt y del obispo de Maguncia en aras de acabar con la amenaza. Entre tanto, Braunschweig, aliado con el landgrave Mauricio de Hesse-Kassel, tomó por asaltó Amorbach, en Maguncia, y la saqueó. Poco después proyectó saquear la rica abadía cisterciense de Arnsburg. Noticioso de que Anholt había cruzado el Meno, empero, abandonó sus planes y se retiró a Amorbach.

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El barón de Anholt en un grabado de Matthäus Merians para el Theatrum Europaeum. La leyenda dice: “Este es el famoso héroe Anholt, ínclito en las armas, ínclito en la toga”. William P. Guthrie lo describió como “un soldado saludable y competente de la escuela española, un hábil organizador y un líder respetado”.

El 20 de diciembre las caballerías de ambos ejércitos libraron un combate en un bosque cerca de Amorbach. Los católicos resultaron vencedores gracias a la superioridad táctica de Anholt, que hizo desmontar varias cornetas de arcabuceros a caballo y acometió el bosque apoyado por su caballería croata. Por su parte, Braunschweig perdió el caballo de un mosquetazo y se retiró hacia Westfalia, saqueando aldeas, granjas y molinos a su paso. Los católicos de Anholt, reforzados por varias banderas del obispo de Würzburg, pusieron sitio a Amorbach, cuya guarnició se rindió sin oponer mucha resistencia, ya que la guarnición protestante se escapó por un hueco durante la noche y corrió tras Braunschweig.

Braunschweig entra en Westfalia

El comandante de las tropas españolas en el Palatinado, Gonzalo Fernández de Córdoba y Cardona, tomó medidas para bloquear el paso de Braunschweig por el Rin: envió al sargento mayor Luis Villa con el regimiento alemán del conde de Emden a ocupar St. Goar e hizo aprehender todos los bajeles y barcas de la ribera. El loco Christian, sin embargo, se dirigió hacia el norte, pasando por Berg, Marck y Ravensberg, contra Paderborn y Münster. En enero de 1622 tomó Lippstadt, donde se hizo dueño de 12 cañones y gran cantidad de municiones. Luego cayó sobre Hamm, Soest y, por último, expugnó Paderborn, donde los mercenarios protestantes saquearon el barrio judío y fundieron los adornos de oro de la catedral, entre ellos una estatua de Sal Liborio, patrón de la ciudad.

El barón de Anholt, a instancias del duque Maximiliano de Baviera, hermano del arzobispo de Colonia, se puso en marcha hacia el Rin pasando por los estados de Nassau, Dillenburg y Siegen. El 21 de febrero sumó a su ejército 3,000 infantes y 600 caballos de Colonia. Antes de emprender el camino hacia Paderborn, la vanguardia de Anholt se acuarteló en Attendorn. Braunschweig envió parte de su caballería, al mando del conde Otto von Limburg Stirum, a tomar el cuartel por sorpresa, pero los jinetes croatas del ejército católico estaban alerta, y Limburg perdió 100 hombres en el choque, sin contar varios prisioneros.

El 5 de marzo, Braunschweig sufrió un duro revés en Geseke. Mientras él, personalmente, fortificaba Lippstadt para convertirla en su base de operaciones, los católicos sorprendieron un cuerpo de 2,000 protestantes que, al mando del coronel Carpenzon, se habían alojado en Geseke y otras aldeas cercanas. El 2º al mando de Anholt, Dietrich Othmar von Erwitte, al frente de 1.000 caballos y 800 infantes, tomó a los protestantes por sorpresa y mató a 900. El rescate de Carpenzon costó a Braunschweig la cifra de 3.000 táleros.

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En 1625 Christian se jactaba de haber tomado 38 plazas fuertes en toda Westfalia, aunque, como se aprecia en este grabado de Claes Janszoon Visscher, impreso para conmemorar sus triunfos, muchas no pasaban de aldeas.

Los protestantes vengaron su derrota poco después, al sorprender Braunschweig en persona, con toda su caballería, 8 cornetas de caballería coloniense y lorenesa y 4 compañías de infantería alojadas cerca de Soest. La caballería católica pudo escapar dejando su bagaje, pero la infantería se vio rodeada en un cementerio, donde los protestantes mataron a 200 hombres e hicieron prisioneros a 748. Braunschweig evió como presente a Federico V, en La Haya, las banderas capturadas. Al regresar a Lippstadt, el loco Christian descubrió un complot para incendiar la ciudad e hizo descuartizar al responsable. Poco después tomó de nuevo el control de los pueblos que Erwitte había recuperado al vencer a Carpenzon.

La campaña de Braunschweig en Westfalia respondía a un único propósito: conseguir dinero para reclutar nuevas tropas. Por ello extendió sus correrías cada vez más lejos, saqueando la iglesia de San Mauricio en Münster y obligando a los habitantes de las villas y ciudades que situaba en su mira a pagar cuantiosos rescates para evitar su destrucción. Con las ingentes cantidades de oro y plata que acaparó, Christian acuñó su propia moneda, con su nombre grabado en una cara y, en la otra, la siguiente frase: “Gottes Freund, der Pfaffen Feind” (amigo de Dios y enemigo de los sacerdotes). En poco tiempo, atraídos por el aroma de botín, numerosos pillastres, bandoleros y campesinos huídos del arado se unieron a las banderas del que ya era conocido, entre los católicos, como “el apóstata Halberstadt”.

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Una de las famosas monedas acuñadas por Christian en 1622.

La descripción que el arzobispo de Colonia hizo de los saqueos de Braunschweig al embajador imperial en España muetran hasta que punto los habitantes de Westfalia vivían aterrorizados:

“Ha tomado a mis súbditos prisioneros, los ha confinado y apaleado, ha martirizado algunos de ellos hasta la muerte, ha maltratado a otros, ha arruinado y enflaquecido a la gente de tal manera que -de puro terror, miseria y aflicción- corrían de aquí para allá en los bosques y valles, dispersándose con sus mujeres e hijos inocentes, quienes por causa del frío extremo del invierno y el crudo tiempo, se marchitarán y morirán de hambre y sufrimiento. Mientras tanto, él se ha apoderado para sí mismo o ha arruinado todos sus víveres, ganado, grano y demás, y finalmente ha reducido sus casas a cenizas. […] Los turcos y los tártaros piensan y actúan no menos cristianamente.”

1ª Intervención española

Las tropas del barón de Anholt eran insuficientes para mantener a raya a los protestantes. Al mismo tiempo, el ejército de la Liga Católica estaba ocupado combatiendo a Ernst von Mansfeld en el Palatinado, mientras que las tropas imperiales tenían sus propios problemas en Hungría. El arzobispo de Colonia contaba con la ayuda de su cuñado, el conde palatino de Neoburgo, enfrentado, a su vez, a Brandemburgo. Faltos ambos de fuerzas, pidieron auxilio a la infanta Isabel Clara Eugenia, gobernadora de los Países Bajos Españoles. La Tregua de los 12 Años entre el la monarquía católica y las Provincias Unidas había expirado meses atrás, y parte del ejército de Flandes estaba destacado en el Palatinado. La toma de Juliers en febrero de 1622, empero, había aliviado la situación española entre el Rin y el Mosa. Isabel, pues, intervino en auxilio de Colonia.

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El conde Hendrik van den Bergh, retratado en 1618 por Otto van Veen.

Tuvo una buena actuación cono lugarteniente de Ambrosio Spinola, pero su mando solitario fue un fracaso. En 1632 se unió a los holandeses.El noble flamenco Hendrik van den Bergh, 2º al mando del ejército de Flandes, recibió instrucciones de tomar el mando de 10.000 hombres y unirse a las tropas del barón de Anholt, quien, como “comisario general de las gentes de guerra del elector de Colonia” reclamó para sí el mando supremo. Los españoles instalaron una guarnición en Dortmund, ciudad imperial libre, y juntando fuerzas con los coloneses, limpiaron la cuenca del río Lippe de guarniciones protestantes, recobrando Soest, Hamm, Altteren y Paderborn. Braunschweig, entre tanto, reforzaba su ejército junto a Wesel, cerca de la frontera holandesa, con el regimiento de infantería del coronel Dodo zu Innhausen und Knyphausen y varias cornetas de caballería.

Knyphausen no fue el único regalo que Mauricio de Nassau hizo a Braunschweig. También envió a su hermano menor, Federico Enrique, a inquietar la frontera española desde Nimega, obligando a Hendrik van den Bergh (que era su primo católico), a dejar el proyecto de sitiar Lippstadt para regresar al Brabante. Para entonces se produjo cerca de Heilbronn la batalla de Wimpfen entre el ejército de Baden-Durlach, aliado de Federico V, y las tropas españolas y de la Liga. Los católicos resultaron vencedores y Baden perdió su ejército. Alarmado, Federico V pidió a Braunschweig que acudiese al Palatinado para unirse con Enrst von Mansfeld y derrotar la invasión. El ejército de Halberstadt se puso en camino, pasando por Fulda, Turingia y Würzburg. Por el camino tomó numerosos jesuitas como rehenes, para pedir rescate, y publicó los motivos que lo impulsaban a tomar las armas:

“…Los intentos del Español, que eran de oprimir la Alemania y los Estados de los Protestantes, y de introduzir alli el Concilio de Trento y establecer la Inquisición como en España […] intentos tan perniciosos, tan perjudiciales a quietud y libertad de su común patria…”

El barón de Anholt, por su parte, también guió sus pasos hacia el Palatinado para unirse con Tilly y Córdoba e impedir la unión de los dos generales del palatino del Rin. El resultado de las maniobras fue la batalla de Höchst, en la que vencieron los católicos, pero sin evitar que Braunschweig y Mansfeld unieran sus ejércitos. El destino del Palatinado, con todo, estaba sellado. Braunschweig y su socio tomaron la derrota de Alsancia, pasando luego a Lorena, donde Federico canceló su contrato con ellos. Desocupados, trataron de entrar al servicio de los hugonotes franceses, recientemente rebelados contra Luis XIII de Francia. Sin embargo, tras varias semanas esperando en Champagne, acordaron con Mauricio de Nassau pasar al servicio holandés. Córdoba fue tras ellos, los interceptó en Fleurus, y causó un gran daño a su ejército, del que solo escaparon 3.000 caballos. Braunschweig perdió un brazo, pero tanto él como Mansfeld alcanzaron Breda. Entre tanto, el barón de Anholt regresó a Colonia pasando por Estrasburgo.

Asedio de Pfaffenmutze

Mauricio de Nassau empleó el servicio de Mansfeld y Braunschweig en el socorro de Bergen op Zoom, plaza marítima que, sitiada por Spinola, la acción del holandés logró salvar, si bien permitió que los españoles se retiraran en orden con su artillería y su bagaje. Poco después, cansado de las tropelías que los mercenarios alemanes cometían en sus tierras, Mauricio envió a Mansfeld de regreso al Rin para socorrer el fuerte de Pfaffenmutze (la capa del sacerdote, llamado así por su figura), una posición holandesa aislada en el corazón del elecotrado de Colonia.

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Grabado de Frans Hogenberg que muestra distintos momentos del asedio a Pfaffenmutze, como el bombardeo que lo condujo a la rendición y la salida en barcas de los rendidos, además de las fortificaciones que los católicos construyeron alrededor.

El fuerte de Pfaffenmutze, construido en 1620 en un islote del Rin entre Colonia y Bonn, junto a la desembocadura del río Sieg, permitía a los holandeses levar grandes contribuciones económicas en las tierras vecinas, además de obligar a los bajeles que navegaban por el Rin a pagar un fuerte peaje y detener aquellos que transportaban armas o municiones. La guarnición ascendía a 1.500 hombres y 35 cañones de bronze. El príncipe de Chimay, con tropas españolas y de Neoburgo, lo bloqueó a comienzos del año, erigiendo dos fuertes en sendas orillas del Rin. Al finalizar el asedio de Bergen op Zoom, la infanta Isabel envió a Hendrik van den Bergh a tomar el fuerte. Un bombardeo de tres días con granadas explosivas y balas al rojo vivo convenció a los 500 holandeses que quedaban, 300 de ellos enfermos de escorbuto o disentería, a rendir la plaza.

El 3 de enero de 1623 los defensores supervivientes dejaron la fortaleza y fueron convoyados en barcas hasta Emmerich. En lugar de socorrer el fuerte, Mansfeld se encaminó a Frisia Oriental, lo que motivó el fin de su contrato con Nassau. Recobrado de sus heridas y con un nuevo brazo protésico en sustitución del amputado, Brauschweig regresó a Lippstadt. El invierno detuvo las operaciones, más unos y otros comandantes sabían que, cuando llegase el deshielo, la guerra en Westfalia se recrudecería.

Bibliografía:

Helfferich, Tryntje: The Thirty Years War. Indianapolis: Hackett Publishing, 2009.
Lundorp, Michael Caspar; de Noris, Alessandro: Guerre di Germania dall’anno MDCXVIII sino alla pace di Lubeca. Venecia:
Pinelli, 1633.
Richer, Jean; Renaudot, Théophrast: Mercure françois: ou suite de l’histoire de nostre temps, sous le regne Auguste du tres-chrestien roy de France et de Navarre, Louys XIII, Volumen 8. París: Richer, 1623.
De Guadalajara y Xavier, Marco: Historia pontifical y catholica. Quarta impression, Volumen 2. Barcelona: Sebastian de Cormellas, 1630.

Fuente: http://www.elgrancapitan.org/portal/index.php/articulos/historia-militar/1708-guerra-en-westfalia-1621-1626-parte-1o

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