Mar de fondo en Mauritania*


Mauritania1
Llegada del pescado al puerto de Nuakchot, todo un espectáculo. / J.N.

Al caer la tarde en el puerto de Nuakchot, la capital mauritana, el bullicio es total. La llegada de los cayucos cargados de pescado desata una frenética actividad: decenas de jóvenes van y vienen acarreando sobre sus cabezas las capturas del día mientras los primeros compradores se acercan para tratar de encontrar el precio más barato, sin intermediarios. La escena se repite cada día y, en apariencia, podría parecer una muestra de abundancia y bonanza económica. Sin embargo, la realidad es que estos jóvenes fornidos cobran una miseria por el duro trabajo y se sienten, no ya explotados, sino totalmente excluidos de una sociedad que sólo les tolera como mano de obra barata. Y es que en Mauritania, tierra de apariencias, casi nada es lo que parece y bajo una superficie de aguas en calma se aprecian signos de tempestad: a las tensiones interétnicas de siempre se han sumado ahora las consecuencias de la crisis económica.

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