El increíble viaje de Zakaria Camara*


Zak
Zakaria Camara, en la sede de la Cruz Roja Maliense en Bamako. / J.N.

A Zakaria Camara nunca le falta una sonrisa en la cara. Hace trece años salió de su país con una pequeña fortuna escondida en los calzoncillos y sin saber muy bien en dónde se estaba metiendo. Cruzó fronteras, una tras otra, hizo muchos amigos y algún enemigo, se apretujó en el maletero de un coche en trayectos imposibles, durmió agazapado en el desierto, cruzó el mar hasta Canarias, lo engañaron una y mil veces y llegó, una mañana de diciembre, a un gélido Madrid que lo esperaba hostil, hosco, indiferente. Peleó como saben hacerlo sólo los que nada tienen, se enamoró un par de veces y quiso el destino que un día regresara a su África para hacer lo que siempre hizo, desparramar sonrisas y arrimar el hombro. “Siempre me ha faltado mi tierra”, dice. No es un tipo extraordinario, es simplemente Zak.

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