Adán y Eva, los primeros nudistas.


Alberto Durero, Adán y Eva (1507), Museo del Prado, Madrid

Quien más y quien menos es capaz de distinguir a Adán y Eva cuando los ve en un cuadro. Dependiendo del artista que los haya pintado, nuestros ilustres antepasados pueden ser más feos o más guapos, morenos o rubios, gordos o delgados, mediterráneos o nórdicos… pero siempre son fácilmente reconocibles. La tradición nos ha grabado a fuego los cuatro o cinco elementos clave que nos permiten identificar rápidamente la escena del pecado original. ¿Qué os parece si los repasamos?

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