¿Qué aprendió Roma de la mortal plaga antonina del 165 d.C.?


El brote fue mucho más mortal que el COVID-19, pero el imperio romano sobrevivió

Alrededor del año 165 dC, la ciudad de Anatolia de Hierápolis erigió una estatua al dios Apolo Alexikakos para que la gente se salvara de una terrible enfermedad infecciosa con síntomas horripilantes. Se sabía que las víctimas sufrían fiebre, escalofríos, malestar estomacal y diarreas. También desarrollaban horribles manchas negras sobre sus cuerpos que dejaban cicatrices desfigurantes.

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