Teodoro Obiang, muy al desnudo


Por: José Naranjo

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Teodoro Obiang, en caída libre, en La Pesadilla de Obi.

Es el dictador de un país africano. Corrupto, tirano, poderoso, millonario. Su país, sin embargo, vive en la miseria. Un buen día, este hombre se despierta y se ha convertido, por arte de magia, en un ciudadano corriente y tiene que vérselas con el sistema que él mismo ha creado, con los problemas cotidianos de la Sanidad, la Educación o con la represión y desconfianza que inundan las calles. Este es el argumento de la novela gráfica La Pesadilla de Obi, que ya ha visto la luz en inglés y pronto lo hará en español. Su autor es Ramón Esono y el protagonista del cómic está clara, directa e inequívocamente inspirado en la figura de Teodoro Obiang, líder absoluto de Guinea Ecuatorial desde hace la friolera de 35 años, lo que le convierte en el presidente africano más longevo.

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El Rey y Rajoy se ven a escondidas con Obiang


Por | Episodios nacionales – mié, 2 abr 2014

Teodoro Obiang durante el funeral de Estado en memoria de Adolfo Suárez. AFP
Teodoro Obiang durante el funeral de Estado en memoria de Adolfo Suárez. AFP

Los amigos incómodos e interesados es lo que tienen, que no se puede aparecer públicamente con ellos en determinadas situaciones. Pasa con las exparejas con las que se mantiene una buena amistad, o con las amistades que sienten los colores del eterno rival y, en política, con los colegas aupados al poder de una forma poco democrática.

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Solo así se entiende que el dictador Teodoro Obiang –autonombrado presidente de Guinea Ecuatorial tras un golpe de estado- almorzara en 2006 con José Luis Rodríguez Zapatero, entonces presidente del Gobierno, y Mariano Rajoy pero que no fuera invitado a visitar de manera oficial el Congreso de los Diputados. Y que este pasado lunes fuera invitado oficialmente a participar en el funeral de Estado de Adolfo Suárez negando Zarzuela haber cursado tal invitación. Pero aún hay más. Pese al revuelo que se montó con la asistencia del dictador al evento, el Rey Juan Carlos le saludó personalmente a la entrada en la catedral de la Almudena, pero Zarzuela hizo lo posible y lo imposible por evitar que la prensa captara esa foto.

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